| Almacén de ramos generales de José Servio. |
Texto y fotografía por Rocío Cappelletti.
El almacén de ramos generales proveía de todo lo que se necesitara a los vecinos de Delgado. Frente a la estación de trenes, se encontraba el almacén de José Servio. En un galpón de chapa con estantes y un mostrador largo atendía a sus clientes. Allí se podía encontrar desde un repuesto para maquinaria agrícola hasta hilo y aguja para bordar. Por el piso, había latas con diversidad de contenidos, desde grasa hasta cereal. En sus estantes se veían artículos de necesidad básica como harina, botellas de perfumes pequeñas y golosinas. También recibía la estafeta postal. El correo venía en el tren, Servio la retiraba y sus destinatarios lo pasaban a buscar por el boliche.
El almacén de ramos generales proveía de todo lo que se necesitara a los vecinos de Delgado. Frente a la estación de trenes, se encontraba el almacén de José Servio. En un galpón de chapa con estantes y un mostrador largo atendía a sus clientes. Allí se podía encontrar desde un repuesto para maquinaria agrícola hasta hilo y aguja para bordar. Por el piso, había latas con diversidad de contenidos, desde grasa hasta cereal. En sus estantes se veían artículos de necesidad básica como harina, botellas de perfumes pequeñas y golosinas. También recibía la estafeta postal. El correo venía en el tren, Servio la retiraba y sus destinatarios lo pasaban a buscar por el boliche.
El precursor de los almacenes en Delgado fue Luis Contardi, su comercio estaba ubicado en la entrada a Delgado y funcionó hasta el año cuarenta. Era de chapa, pero estaba revestido por dentro de madera, tenía estantes con mercadería y era muy ordenado. Cuando Contardi se fue del paraje, Suárez junto con Servio inauguraron su negocio, que luego fue continuado por el segundo.
Lo que distinguía a los almacenes de ramos generales era su capacidad para albergar tantos rubros.
-¡Sírvame una copa, Don José! – le pedían desde su asiento los clientes.
Al final del mostrador había una batea con una canilla y un cañito donde limpiaban los vasos y despachaban las bebidas, el almacén era también el bar de la zona. En las frías mañanas de invierno, se podía ver a los hombres tomando una copa de grapa o de caña quemada.
En los meses de mayo y julio, durante la cosecha de maíz que se realizaba a mano, llegaban peones de todas partes del país en busca de trabajo. En los campos se juntaban entre diez y doce personas que utilizaban el almacén como lugar de esparcimiento los días domingos. Allí pasaban una jornada tranquila entre copa y copa.
El fin de semana era el momento indicado para jugar un partido de truco o algún que otro juego de naipes. No se jugaba por plata sino por “el honor de ganar”, algunas veces se pagaba una copa de vino. Los que perdían debían pagar para ellos y los ganadores.
Cuando se habilitaron las canchas de bochas, también se incorporaron al esparcimiento de fin de semana. Se organizaban torneos, en los que se cobraba entrada, el vencedor se llevaba lo recaudado.
Desde principios de 1940 hasta 1960 Servio se encargó de atender su boliche junto a su cuñado Silvio, a quién lo necesitara.
Pero todo tiene su final, y en la década del sesenta se formó una cooperativa a la que se agregó más mercadería, debido a la mayor demanda, y una carnicería. Así fue como desapareció para siempre el último almacén de ramos generales en Delgado.
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