lunes, 2 de agosto de 2010

El progreso se olvidó de Delgado...

Texto y fotografía por Rocío Cappelletti.

Delgado, está ubicado al norte de la provincia de Buenos Aires, en el partido de General Arenales. Desde la inauguración de la estación de tren, en el año 1912, se mantuvo como un paraje rural, pero esto no quita que haya tenido gran circulación, incluso más que pueblos vecinos como La Trinidad y Ferré.


Estación Delgado.
Entre las décadas de 1930 y 1940 frente a Delgado, en 400 hectáreas de campo, vivían alrededor de catorce familias, cuyos hijos iban a la escuela en el lugar, compraban víveres y maquinarias en los almacenes de ramos generales.

Fueron muchos los apellidos conocidos del lugar, la familia Boveri, Armándola,
Scovenna, Cerutti, Pagella, Cabrera, Caimari, Recagno, Ferrara, Ficorilli; en su mayoría provenientes de Italia o bien hijos de inmigrantes italianos. En ese entonces se conocían todos como en cualquier pueblo chico debido a la cercanía de las chacras, la mayoría eran pequeñas, de veinticinco o treinta hectáreas.

A medida que las familias se iban multiplicando, también lo hacían los negocios. Se estableció el almacén de Contardi, hasta principios de 1940, luego el almacén de Suárez y Servio, el matadero municipal, una herrería perteneciente a un hombre de apellido Alcántara y una pensión cuyo dueño era Francisco Sergiani.
Además, contaba con un destacamento policial, por si alguna vez pasaba algo, pero afortunadamente nunca sucedió nada grave. Si el chacarero quería vender un animal debía dirigirse al destacamento, para registrar la venta. Los oficiales, además, recorrían los campos para controlar que todo estuviera tranquilo.

Los caminos estaban impecables, todos los días un caminero pasaba la máquina niveladora Champion, tirada por caballos, para emparejarlos y como no pasaban autos, se mantenían. Si llegaba a llover, los sulky y la hacienda dejaban unas huellas profundas, entonces pasaban una máquina rectangular de hierro con unas grandes púas llamada rastrón. Cada tanto, se observaba algún palenque donde apostar el caballo. Si se salía de noche no había que olvidar la linterna o el farol, porque las calles eran una boca de lobo.

Parecía que Delgado tenía aires de progreso, la ruta nacional 50 pasaba por el camino de entrada, pero un cambio a cinco kilómetros, lo dejó aislado.

Así transcurrió la vida a Delgado hasta principios de los setenta. Cuando la modernidad llegó y Ferré comenzó a agrandarse, la gente se retiró de sus campos y se fue a vivir a este pueblo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario