
Por Rocío Cappelletti
Todos los años se realiza a nivel nacional la Feria del Libro con tal éxito que se reproduce a lo largo y ancho del país. La concurrencia a estos eventos siempre es numerosa, sin embargo hace varios años se escucha hablar de la pérdida del hábito de lectura sobre todo en niños y adolescentes. Colón no queda al margen de este dilema, si bien existen campañas promocionadas por la Biblioteca Popular Mariano Moreno, el número de niños lectores viene en picada. No existe un solo factor desencadenante, sin duda responde a una situación social y cultural. La implementación de las nuevas tecnologías, junto con un cambio en la vida familiar y un salto cualitativo en la educación podría ser la respuesta.
Decir por decir que ya no hay niños lectores es arriesgado, pero, si bien existe una luz de esperanza en quienes concurren a la biblioteca popular, los números de niños y adolescentes que asisten al establecimiento disminuyeron a la mitad desde 2006 hasta la actualidad. Hace cuatro años concurrían 1114 adolescentes y niños por año, en 2008 se redujo a 682, y hasta el mes de noviembre de este año rondan los 505. No es un dato menor, ya que la cantidad de donaciones a la biblioteca ha aumentado. El año pasado recibió una importante colaboración de literatura infantil organizada por Fundación Leer junto con la cadena de supermercados La Anónima. Además se organizan todos los años jornadas de visita a la biblioteca en las diferentes escuelas colonenses, y aunque siempre hay nuevos adeptos, el número no crece demasiado. Las campañas existen, incluso también se realizan capacitaciones para bibliotecarias, sin embargo no se logra captar la atención del niño.
En primer lugar, si se piensa en términos tecnológicos, los niños están cada vez más inmersos en este mundo. Esto no es algo negativo, pero puede interferir en términos de atención y de gustos propios de la infancia. El juego social es desplazado por el virtual, la lectura y el material de estudio se reduce a Internet, la comodidad de tener todo al alcance de sus manos está por encima de la búsqueda. “En educación escolar primaria y secundaria, se utilizan cada vez más las nuevas tecnologías. Eso no sirve en el momento que el alumno va a Internet copia, pega y ni siquiera lee”, -explica la psicopedagoga Elisabet Britos, -“son muy pocos los que realmente leen ese material, se interesan, lo resumen y lo trabajan”.
Para un chico es más entretenido ponerse a jugar el último juego de video que salió que ponerse a leer, porque es “más cómodo” y “no tiene que ponerse a pensar tanto”, como explica Britos. Las consecuencias no van a ser favorables, siendo niño se pierde el poder de imaginación, como bien lo dijo Jorge Luis Borges en una conferencia dada en la Universidad de Belgrano: “El libro es una extensión de la memoria y de la imaginación”.
Tampoco se puede ver a la tecnología como algo negativo, o como lo único que influye a la pérdida del hábito de lectura, pero sí es un factor importante, el punto en cuestión no es prohibirla sino encontrar una manera que no sea lo único significativo. “No hay que excluir de la tecnología porque ya es parte de nosotros, pero, por qué no llegar a un equilibrio entre ambas actividades”, argumenta Britos.
Otro punto en cuestión es el cambio en la estructura familiar del niño. Gran parte de los padres trabajan todo el día, llegan a sus casas a la noche y no comparten demasiado tiempo con sus hijos. Britos explica que la base de cualquier formación comienza en el hogar. Si el niño no recibe estímulo por parte del adulto va resultar difícil que se interese por la lectura. Hay mucho material interesante circulando, la cuestión no es la falta del mismo, sino su poca utilización. La bibliotecaria Marina Cúneo manifiesta que cada vez hay libros que estimulan la anticipación lectora, incluso varios de los libros donados pertenecen a este tipo. Britos también explica que hay mucho material atractivo, con el que se pueden trabajar la creatividad y la imaginación.
Por último se viene hablando desde hace varios años de la deficiencia del sistema educativo. Si la escuela es la segunda educación, (el hogar es la primera) y poco le ayuda a lograr el gusto por las letras, difícilmente el niño se va a sentir con ganas de ponerse a leer un libro por recreación. Cúneo que además de trabajar la Biblioteca Mariano Moreno, lo hizo parte de su vida en bibliotecas escolares, opina que en el segundo ciclo de la formación primaria cuando los docentes comienzan a enseñarles a estudiar a los chicos, se hace mayor hincapié en la lectura por conocimiento y los niños pierden ese sentido lúdico o de entretenimiento. “Nos pasa que vienen los chicos a trabajar con material informativo y no pueden leer un texto completo, no se concentran, no entienden lo que están leyendo. Si no hacés el trabajo previo accesible, recreativo, tampoco podés llegar a internalizar la lectura para aprender”, argumenta.
En conclusión, el hábito de lectura no se hace solo, es necesaria una participación más activa por parte de la familia y la educación escolar. Es algo serio ya que atenta contra la imaginación, la identidad y la formación de la infancia. Los niños tienen otros intereses, también tiene diferentes alternativas para pasar el tiempo, entonces la solución debe estar en la creatividad adulta.
Decir por decir que ya no hay niños lectores es arriesgado, pero, si bien existe una luz de esperanza en quienes concurren a la biblioteca popular, los números de niños y adolescentes que asisten al establecimiento disminuyeron a la mitad desde 2006 hasta la actualidad. Hace cuatro años concurrían 1114 adolescentes y niños por año, en 2008 se redujo a 682, y hasta el mes de noviembre de este año rondan los 505. No es un dato menor, ya que la cantidad de donaciones a la biblioteca ha aumentado. El año pasado recibió una importante colaboración de literatura infantil organizada por Fundación Leer junto con la cadena de supermercados La Anónima. Además se organizan todos los años jornadas de visita a la biblioteca en las diferentes escuelas colonenses, y aunque siempre hay nuevos adeptos, el número no crece demasiado. Las campañas existen, incluso también se realizan capacitaciones para bibliotecarias, sin embargo no se logra captar la atención del niño.
En primer lugar, si se piensa en términos tecnológicos, los niños están cada vez más inmersos en este mundo. Esto no es algo negativo, pero puede interferir en términos de atención y de gustos propios de la infancia. El juego social es desplazado por el virtual, la lectura y el material de estudio se reduce a Internet, la comodidad de tener todo al alcance de sus manos está por encima de la búsqueda. “En educación escolar primaria y secundaria, se utilizan cada vez más las nuevas tecnologías. Eso no sirve en el momento que el alumno va a Internet copia, pega y ni siquiera lee”, -explica la psicopedagoga Elisabet Britos, -“son muy pocos los que realmente leen ese material, se interesan, lo resumen y lo trabajan”.
Para un chico es más entretenido ponerse a jugar el último juego de video que salió que ponerse a leer, porque es “más cómodo” y “no tiene que ponerse a pensar tanto”, como explica Britos. Las consecuencias no van a ser favorables, siendo niño se pierde el poder de imaginación, como bien lo dijo Jorge Luis Borges en una conferencia dada en la Universidad de Belgrano: “El libro es una extensión de la memoria y de la imaginación”.
Tampoco se puede ver a la tecnología como algo negativo, o como lo único que influye a la pérdida del hábito de lectura, pero sí es un factor importante, el punto en cuestión no es prohibirla sino encontrar una manera que no sea lo único significativo. “No hay que excluir de la tecnología porque ya es parte de nosotros, pero, por qué no llegar a un equilibrio entre ambas actividades”, argumenta Britos.
Otro punto en cuestión es el cambio en la estructura familiar del niño. Gran parte de los padres trabajan todo el día, llegan a sus casas a la noche y no comparten demasiado tiempo con sus hijos. Britos explica que la base de cualquier formación comienza en el hogar. Si el niño no recibe estímulo por parte del adulto va resultar difícil que se interese por la lectura. Hay mucho material interesante circulando, la cuestión no es la falta del mismo, sino su poca utilización. La bibliotecaria Marina Cúneo manifiesta que cada vez hay libros que estimulan la anticipación lectora, incluso varios de los libros donados pertenecen a este tipo. Britos también explica que hay mucho material atractivo, con el que se pueden trabajar la creatividad y la imaginación.
Por último se viene hablando desde hace varios años de la deficiencia del sistema educativo. Si la escuela es la segunda educación, (el hogar es la primera) y poco le ayuda a lograr el gusto por las letras, difícilmente el niño se va a sentir con ganas de ponerse a leer un libro por recreación. Cúneo que además de trabajar la Biblioteca Mariano Moreno, lo hizo parte de su vida en bibliotecas escolares, opina que en el segundo ciclo de la formación primaria cuando los docentes comienzan a enseñarles a estudiar a los chicos, se hace mayor hincapié en la lectura por conocimiento y los niños pierden ese sentido lúdico o de entretenimiento. “Nos pasa que vienen los chicos a trabajar con material informativo y no pueden leer un texto completo, no se concentran, no entienden lo que están leyendo. Si no hacés el trabajo previo accesible, recreativo, tampoco podés llegar a internalizar la lectura para aprender”, argumenta.
En conclusión, el hábito de lectura no se hace solo, es necesaria una participación más activa por parte de la familia y la educación escolar. Es algo serio ya que atenta contra la imaginación, la identidad y la formación de la infancia. Los niños tienen otros intereses, también tiene diferentes alternativas para pasar el tiempo, entonces la solución debe estar en la creatividad adulta.
Foto Fundación Leer
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